martes, 23 de julio de 2013

Y Dukan sigue dando guerra

Apagué el ordenador y respiré hondo. Había sobrevivido a la primera oleada: apenas había mencionado a Dukan de pasada en el blog y, en las charlas de educación nutricional, solamente había hablado acerca de sus métodos cuando me preguntaban por los mismos.

Hasta el día de hoy. Años después este hombre sigue dando de qué hablar. Imagino que como estrategia de márketing, la publicidad aunque negativa hace que sigas siendo famoso y eso este doctor se lo lleva de calle. El caso es que a base de repartir a diestro y siniestro sigue siendo famoso. Y la cosa va para largo.


Lo último que le ha pasado a este señor es que ha sido suspendido de su actividad como médico en Francia durante unos días por recetar a una paciente suya un medicamento para la diabetes cuando esta persona lo único que pretendía era adelgazar. Y para defenderse al respecto (o al menos para intentarlo) estuvo realizando una entrevista que no tuvo desperdicio en "El Gran Debate" en la madrugada del domingo.

Como defensores de Dukan había tres: Isabel Durán (periodista y usuaria de la dieta Dukan), Ramón Vila Rovira (especialista en cirugía plástica) y Montse Suárez (abogada, realmente no pintaba mucho aquí). Entre los detractores se encontraban: Cristina Tárrega (periodista y según palabras textuales del presentador, sabe mucho de dietas), Juan Adrián Sens (escritor y periodista) y Giuseppe Russolillo (presidente de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas, nuestra voz en el plató). Explico el elenco de colaboradores porque salvo Giuseppe y el cirujano, el resto ni idea de medicina, y eso dice mucho de la categoría del debate. Si a esto le sumamos que Jordi, el presentador, cortó en un par de ocasiones a Giuseppe durante su argumentación explicando los perjuicios de las dietas hiperproteicas, sobreentendemos que este debate no iba enfocado para promocionar de la salud.

El peor momento de la noche se vivió cuando Dukan dejó entrever que desacreditaba los métodos de Giuseppe Russolillo porque éste padece sobrepeso, entendiendo el sobrepeso como un problema de fuerza de voluntad en lugar de como una enfermedad. En ese instante, el doctor Dukan perdió toda su credibilidad al faltar al respeto al presidente de la AEDN y, por extensión, a todos sus pacientes.

Me gustaría aclarar que la mayoría de los nutricionistas no estamos a la gresca con este hombre porque nos esté vaciando las consultas, no somos tan absurdos. Reconocemos que su dieta funciona, es decir, se logra el objetivo, que es la pérdida de peso pero el problema son los métodos. Si el próximo médico que publicitara un método asegurara que dejando de comer se pierde peso y lo llevara a cabo (léase dieta de la tirita, dieta flash...), ninguno dudaríamos en criticar su metodología argumentando que es de riesgo. Entonces, ¿a qué viene tanta polémica con este señor? Su método no es seguro por varias razones fundamentales: la ausencia de nutrientes esenciales durante algunos períodos de tiempo (algunos muy prolongados) en la vida del paciente, tales como vitaminas, minerales o grasas esenciales (omega 3 y omega 6); porque incluye alimentos proteicos en cantidades que superan con creces la dosis segura y, por último, porque supera la velocidad máxima de pérdida de peso sin riesgo establecida por la OMS y fijada en menos del 1% a la semana o menos del 15% en el trimestre, pudiendo provocar desnutrición en algunos sujetos al superar estos límites.

También me gustaría romper una lanza a favor de sus pacientes, esos que tiempo después recuperan el peso corporal (un 75% aproximadamente de los que hacen su dieta). No es que tengan poca fuerza de voluntad, no, simplemente su método no enseña a comer. Por lo tanto, una vez que lo dejas se te quedan grabadas a fuego las premisas (totalmente falsas): proteínas buenas, grasas regulares (independientemente de su origen), frutas malas e hidratos de carbono malísimos, y en base a eso se llega al punto de preferir tomarse una pierna de cordero sin pan ni verduras ni patatas antes de elegir un plato de espaguettis al pesto. Resultado, gradualmente vamos recuperando el peso perdido (a veces con algunos kilos de propina). A esta ausencia de educación nutricional hay que sumarle que cuando se pierde mucho peso de forma rápida hay una alta probabilidad de que éste esté compuesto principalmente por agua, glucógeno y proteína musculares, destruyendo de esta forma el único tejido (el músculo) que consume energía en grandes cantidades.

El problema de todo esto es que los perjuicios de los pacientes no se suelen ver de forma inmediata. Son como números de lotería que vas sumando en el bombo de factores de riesgo de enfermedades. En un futuro estos pacientes pueden padecer enfermedades de todo tipo asociadas a la acidez de su organismo (osteoporosis, parkinson, cáncer, alzheimer...) o patologías diversas (fallo renal, fallo hepático...) y jamás asociarlo a la realización de este tipo de alimentación. Y sí, es peligroso estar obeso, pero también lo es perder peso sin control; entre ambas decisiones está la solución intermedia (como siempre la más adecuada), la de la pérdida gradual y moderada de peso, incluyendo la práctica regular de ejercicio físico, la educación nutricional y el control por parte de un buen dietista. Esa es la solución.

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